jueves, 12 de noviembre de 2015

Construyendo una República

Es necesario dar inicio a esta presentación, destacando la iniciativa de estos jóvenes, quienes además de demostrar interés sobre el quehacer político, están impulsando actividades encaminadas a conocer los fundamentos de la más humana de las ciencias y los principios e ideología de esas organizaciones que constituyen su principal agente: los partidos políticos, hasta hoy irremplazables.
Y así como los partidos políticos son irremplazables, la actividad política es imprescindible. Es imposible concebir la sociedad moderna sin el Estado y su administración, y sin el ejercicio del poder. Por eso, es relevante que los jóvenes, quienes no están contaminados con las antiguas prácticas, aquellas que son esencialmente prebendarias, sean parte del quehacer político, que se llevará adelante –insisto- aun sin ellos y sin los intelectuales, sin los idealistas, sin los religiosos, sin los artistas y sin todos aquellos quienes quieran librar en manos de otros el manejo de sus destinos.
Celebro, por sobretodo, que decidan acercarse al Partido Colorado, quien en el ejercicio del poder fue el responsable de todos los avances de nuestro país, salvo exiguas excepciones. Inclusive en la llanura, fue agente de importantes cambios. Por eso siempre decimos que para conocer la historia política paraguaya, es necesario conocer la historia de la Asociación Nacional Republicana. Historia que se inicia en los más aciagos días de nuestra nación, cuando la genocida Guerra Grande nos dejó un país mutilado, sin recursos económicos y con su población casi exterminada. En ese atroz escenario tenía que emprenderse la ciclópea tarea de erigir una república, una república democrática.
Si bien el Paraguay fue uno de los primeros estados de América en adoptar la forma republicana, los gobiernos que siguieron a la independencia, distaban mucho de ser democráticos, se encuadraban más bien en el modelo paternalista, que la quimérica Constitución de 1870 pretendía desterrar. Esta constitución, redactada sobre los moldes de la norteamericana, sentaba las bases de una república democrática, y aunque se la pueda acusar de un excesivo liberalismo, esta Carta Magna era esencialmente republicana. Lejos de exaltar el individualismo, bregaba por el bienestar general. Finalmente, en América, el liberalismo era revolucionario y venía a romper con el modelo colonialista y feudal, impuesto por España.
En posguerra, para cohesionar el esfuerzo de los pocos sobrevivientes que podían emprender esa tarea –la clase política no pasaba de treinta personas- fue preponderante la figura del Gral. Bernardino Caballero, reconocido combatiente y respetado caudillo, que amalgamó en un partido a personalidades tan dispares como las del Gral. Patricio Escobar y José Segundo Decoud, aglutinó a patriotas y legionarios, conservadores y progresistas, héroes y villanos. En esas graves horas, no se podía prescindir de nadie y cada uno de ellos dejaría su impronta. Caballero, impuso su estilo práctico de gobernar, el colorado es original y esencialmente trabajador, resolutivo, y Decoud, como Juan Crisóstomo Centurión, ambos brillantes intelectuales, nos legaron el republicanismo que ya desde entonces marcaba distancias de los paradigmas radicalmente liberales. Uno de los testimonios de estas afirmaciones lo constituye el Manifiesto fundacional de la Asociación Nacional Republicana, el 11 de septiembre de 1887, que exalta la república, donde el pueblo soberano gobierna a través de sus representantes, reivindica los principios democráticos y señala, como norte, el progreso nacional, meta en la cual el Estado no será un simple gendarme, asumirá su rol protagónico de adoptar medidas que favorezcan el comercio, la agricultura, las inmigración, el planeamiento de nuevas industrias, la construcción de ferrocarriles y telégrafos, en general, “toda reforma que tienda a operar un cambio benéfico en nuestra situación económica y en el bienestar moral y material del pueblo”. Los que fundaron el Partido Colorado estaban, además, construyendo una república, proceso que sufrió no pocos retrocesos, pero hoy es un árbol vigoroso y de raíces profundas. 
La conferencia de hoy, a cargo del colega Hugo Vera Ojeda, que versará sobe ideología y pondrá acertadamente su énfasis en el republicanismo, nada más oportuno, pues, para conocer a nuestro partido y su manera de ejercer el poder, es imprescindible, además, conocer los principios republicanos que constituyen su columna vertebral y han guiado su accionar a través de la Historia.         

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